Durante el embarazo, el cuerpo de la mujer experimenta una revolución hormonal. Esto puede dejar rastros en la apariencia de la piel. Es por ello que mantener un adecuado cuidado es muy importante.
Entre las manifestaciones más comunes están las estrías, manchas, picores en abdomen y senos, várices, acné y vello, entre otras. Incluso en algunas mujeres cambia el tipo de piel y aumenta la resequedad.
Se trata de un cambio impredecible, en el que la mujer debe acudir a su dermatólogo. Para mantener el cuidado de la piel en esta etapa, la embarazada debe llevar una alimentación adecuada, con ejercicio moderado y una serie de hábitos saludables.
Para controlar el acné y la piel oleosa, lo más recomendable es cambiar los productos para este cuidado que usaba antes de quedar embarazada. Se deben cambiar por otros especialmente formulados para esta etapa.
Cualquier medicamento recetado para curar el acné; así como los que contienen vitamina A, retinol o antibióticos deberían ser evitados durante el embarazo.
La higiene debe ser adecuada, no excesiva para evitar dañar el manto de protección de la piel. Para el cuerpo es aconsejable utilizar productos con acción antiséptica para evitar infecciones.
La hidratación es un factor fundamental en esta faceta. Durante el embarazo la piel se estira y es necesario que esté bien hidratada para mantenerla flexible. Es conveniente asegurarse de que el tratamiento de hidratación diario no contenga retinoides ni derivados, porque repercuten en el feto, y por tanto se prohíben en mujeres embarazadas.
No olvides protegerte contra los nocivos rayos solares. En esta etapa suelen aparecer manchas que se agravan con la exposición al sol. Lo ideal es que las cremas hidratantes de uso diario contengan este factor de protección.